Sí, quiero

No soy el primero en comparar la relación que uno tiene con el Real Madrid a una historia de amor, y probablemente no sea el último. No hace mucho, mi amigo y jefe Hugo escribía en esta misma página un artículo muy recomendable titulado “El amor adolescente”, que como cuyo nombre indica, comparaba nuestra relación con el Madrid a una historia de amor adolescente, careciendo de normas o sentido común.


En este artículo, sin embargo, me gustaría llevar la analogía de esta relación amorosa un paso (o varios) más adelante. Aunque vivimos en una sociedad continuamente en evolución, tradicionalmente la mayoría de historias de amor exitosas acaban con una pareja prometiéndose fidelidad eterna y devoción incondicional ante un altar. Hay muchos tipos de ceremonias, ritos culturales y maneras de efectuar esta unión, pero creo que las palabras “en la prosperidad y en la adversidad, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad…” son generalmente asociadas en el mundo occidental con el voto matrimonial.


Toda historia de amor como todo matrimonio cuenta con partes más felices, otras más tristes, momentos fáciles, y otros no tan fáciles. Lo que hace esa relación más fuerte y especial, es el poder encontrar y ejercer ese amor a través de toda circunstancia. Eso no significa tener que estar siempre de acuerdo o aceptar todo lo que pasa. Habrá momentos de quejas, correcciones, consejos, discusiones, reconciliaciones, consuelos, alegrías, y mucho más.


Una relación que sólo se basa en buscar satisfacción personal no está construida en el amor mutuo, es una asociación egoísta. No existe la fórmula perfecta para el éxito en el matrimonio, pero el amor, la humildad, la honestidad y el respeto al otro siempre formarán parte de cualquier unión exitosa.



Mi pregunta es cómo vivimos nuestra relación de amor con el Real Madrid durante estas diferentes etapas. ¿Mantenemos nuestra fidelidad y afecto en cada momento, o en las situaciones difíciles nos olvidamos de todo lo que nos ha unido y culpamos al otro de todos los males?


Celebramos juntos en Cibeles cada verano los momentos prósperos, pero durante las calamidades no paramos de criticar e insultar, viendo solamente lo malo de la relación, y a veces hasta renegando de nuestro amor. O quizás nos mantenemos unidos en la adversidad, buscando soluciones juntos para mejorar la situación y viendo lo que cada uno puede hacer para volver al éxito.


En la riqueza disfrutamos de estabilidad económica; entonces deseamos poder gastar y comprar más de lo que debemos, para luego lamentarnos en los momentos de pobreza por las malas decisiones financieras, por no haber sabido utilizar mejor lo que teníamos. O quizás disfrutamos de lo que disponemos sin mirar lo que manejan o fichan los demás, eso sí, sin conformarnos, siempre buscando mejorar.


En la salud presumimos de ser los mejores, los más rápidos y con mayor calidad, para luego en la enfermedad fijarnos en lo buenos que son los demás y buscar culpables por tanta lesión. O quizás, en la enfermedad, damos nuestro apoyo a los que están en la enfermería deseándoles lo mejor, y buscamos soluciones para que el equipo siga adelante.


No todo es blanco o negro en una relación, ni tampoco de color de rosa. Cuando las cosas van mal o no funcionan hay que decirlo y hablarlo, pero siempre con la intención de ayudar y buscar soluciones, no de señalar culpables. Que algo vaya mal tampoco borra todo lo bueno que se ha vivido juntos, ni todo lo bueno ya pasado automáticamente soluciona los problemas actuales.


Al final, para que cualquier relación sea exitosa, hace falta trabajo y dedicación constante cada día, y a pesar de las dificultades que aparezcan, querer mantenerse fieles y apoyarse constantemente en la prosperidad y en la adversidad, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta la muerte e incluso más allá.


Yo, por mi parte, Sí quiero.

@Roi2bo

1 Comentraio
  1. Francisco Javier Piedrabuena Duque dice

    Precioso artículo y yo me apunto al sí quiero tambien.👏👏👏👏👏👏👏👏

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