Meritocresía

En el mundo del Madridismo (y en deportes en general), hay una palabra que se suele mencionar frecuentemente, sobre todo en épocas difíciles o de malos resultados. Esa palabra es “meritocracia”. Esta palabra proveniente del latín meritum (debida recompensa) y el sufijocracia proveniente del griego kratos (poder o fuerza) se puede definir brevemente en un sistema de gobierno basado en el mérito.

En el mundo de los deportes se suele entender como meritocracia, el hecho de que un entrenador utilice en sus alineaciones a los jugadores que hayan hecho mas méritos para jugar, tanto en el terreno de juego como en los campos de entrenamiento, sin importar “nombres” o “estatus” del jugador. Logros pasados, nivel de calidad, o historia no influyen en una decisión meritocrática. En cambio, lo importante es el trabajo, esfuerzo, y estado de forma.

Creo que la mayoría de las personas ven este sistema como justo y beneficioso para un equipo, exceptuando tal vez el matiz de que a veces los que más se lo merecen quizás no sean los que más puedan ayudar al equipo a obtener la victoria. Hay veces que un jugador al 100% no va a dar el mismo rendimiento que otro al 80%. En estos casos, el entrenador tiene que decidir que alineación es la más justa y dará más opciones a obtener una la victoria. Quizás lo más eficaz no es poner a los que están en la mejor forma, si no los que están en mejor forma para ayudar al equipo a ganar. Decisión difícil para cualquier entrenador, y más difícil para un espectador que solo percibe parte del rendimiento del futbolista (los partidos), e ignora el resto (entrenamientos, comportamiento, etc.).


En este artículo no quiero entrar en el debate de la efectividad de la meritocracia pura, o sus diferentes definiciones o interpretaciones, si no más bien analizar un comportamiento que veo muy frecuentemente oculto bajo la excusa de le meritocracia y que denominaré “meritocresía”. Antes de nada, enfatizar que este comportamiento no se aplica a todas las personas que promueven la meritocracia, y que en este artículo no intento generalizar ni acusar a nadie en concreto, al fin y al cabo, solo nosotros mismos sabemos nuestras propias intenciones.

La meritocresía como se puede percibir, proviene de la palabra meritocracia mezclada con la palabra castellana hipocresía. Palabra que podemos definir rápidamente como el deseo de esconder de los demás los motivos reales de una acción, o como una inconsistencia entre aquello que se hace y lo que se defiende. La mejor definición de la meritocresía es la acción de defender y demandar meritocracia, cuando en el fondo, la intención de la persona que lo hace no es otra que exigir que jueguen sus jugadores preferidos y que sienten a los que no le gustan.

Me explico. Llevamos oyendo toda la temporada (sobre todo con Lopetegui) que había jugadores de estatus elevado (conocidos como “vacas sagradas”, aunque a quien se le aplica ese término depende de la persona que lo utilice) que tenían que ser suplentes, y jugadores en el banquillo pidiendo una oportunidad y minutos merecidos. En el último partido contra la Roma, vimos a Isco en las gradas y a Asensio en el banquillo, y a Llorente de titular y Valverde y Mariano contando con minutos. Decisión valiente de Solari y que, viendo el estado de forma de los primeros, parecía estar siguiendo la tan famosa meritocracia.

A pesar de esto, hubo muchas quejas por la decisión y muchos de los que predican la meritocracia como doctrina obligatoria, no estaban satisfechos. ¿Por qué no estaban contentos? Muy fácil, porque los jugadores sacrificados en esta decisión no eran los que ellos querían. Comentarios como “Fulanito está peor y es titular” o “Menganito lleva sin hacer nada toda la temporada y va convocado” poblaban las redes sociales.

Es cierto que muchas veces, los jugadores a los que ellos piden que se sienten no están en su mejor forma. Algo lógico cuando estas críticas aparecen durante crisis de resultados en las que todo el equipo, como estamos viendo esta temporada, está muy por debajo de su nivel. Creo que es casi imposible hacer 9 cambios de partido a partido (a menos que tu nombre sea Zidane, y también fue criticado por ello) y poder competir a un alto nivel, y si todo el equipo está jugando por debajo de las expectativas, lo más probable es que incluso haciendo cambios haya algún jugador bajo de forma. La cosa es que solo se fijan en los errores de los que les caen mal para después justificar sus críticas. Si otro jugador que les gusta comete un error, solo tienen que referirse a los errores del que quieren que no juegue para demostrar que no debe estar en el once. En unos ignoran lo bueno y magnifican los errores, y en otros hacen todo lo contrario.


Si el entrenador hace ajustes y rotaciones, pero no sienta a los que piden, entonces nada de lo que haga vale y vuelven a exigir meritocracia. Incluso cuando sientan a los que piden, habrá quejas si el resultado no es el deseado. Se dirá que fue demasiado tarde, que no era el momento oportuno, o que los que les gustan no tenían suficiente rodaje (ejemplo, eliminación de Copa ante el Leganés la temporada pasada). Al final, la casa como en los casinos, siempre gana.

Algo parecido vimos esta semana, donde Solari hizo cambios bastante grandes, puso a algún suplente que merecía jugar, salió bien y se ganó. Aun así hubo muchas críticas; en cambio los halagos por haber puesto a Llorente eran escasos en comparación, y más bien se le criticaba por hacerlo ante la Roma en un partido decisivo y no ante el Eibar.

Esto suele pasar cada vez que un entrenador decide ser meritocrático (lo que suele pasar más a menudo de lo que escuchamos). Será criticado si sienta a los jugadores “que no eran”, e ignorado si acierta o dicho acierto será achacado a la suerte o a las circunstancias (véase Zidane y su fortuna con las lesiones). Por alguna razón mucha gente piensa que los entrenadores del Real Madrid no tienen ninguna intención de ganar, y ponen jugadores sin pensar o analizar que será lo más acertado para obtener la victoria. Como si ganar no estuviera en sus mejores intereses.

La cosa llega a tal punto, que hasta se llegan a crear historias fantásticas para la toma de decisiones del entrenador. Si el jugador que no gusta fue caro, juega por el precio. Si fue fichaje de Florentino (¿quién no lo ha sido?), juega por decreto presidencial. Si el jugador es de la misma nacionalidad que el entrenador, juega por favoritismo. Y si el jugador es canterano, no tiene renombre mundial, cuenta con un apellido común y tradicional, la excusa es que es amigo de Ramos. Esta semana incluso se ha llegado a decir que Isco se fue a la grada por haber criticado a cierto periodista infame (al que no le voy a dar publicidad), hipotético amigo de Solari.

Al final, no se pide meritocracia para todos, si no solo cuando esta se aplica a los jugadores que nos gustan. No importa cuántas rotaciones haya, si los que no juegan son nuestros favoritos. No importa cuantos suplentes sean titulares, si no son los que nosotros queremos. No importa quién sea sustituido o el minuto de la sustitución, si el que sale no es el jugador que queremos, y no importa quien salte al terreno de juego si no es el cambio que estábamos pidiendo. Predicamos meritocracia, pero ejercemos meritocresía.

 

@Roi2bo

1 Comentraio
  1. Anónimo dice

    Excelente!! Aveces creemos ver todo a través de un espejito mágico, pero se nos olvida que es un simple reflejo. No todo es lo que parece y no siempre tenemos la razón.

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